Hace unos días, mientras practicaba deporte, presencié una interesante conversación entre un profesor y su alumno en la cancha vecina. El profesor se enfocaba en enseñar al alumno técnicas y consejos para mejorar su juego, haciendo hincapié en la repetición y perfeccionamiento de movimientos. Sin embargo, el alumno parecía obsesionado con los resultados, repitiendo constantemente: “lo que importa es el resultado”. Esta situación me llevó a reflexionar sobre qué tan bueno seguirá siendo el alumno en el futuro si para obtener el resultado podría faltar a la ética o si en algún momento se aburriría de las prácticas y dejaría lo que está haciendo o incluso faltaría al juego limpio con tal de ganar. En resumen, pensé que solo estaba entrenando para el corto plazo. No veía un futuro, ni una identidad, ni un propósito en él. Tarde o temprano alcanzaría el resultado y luego se preguntaría “¿y ahora qué?”. Podría aburrirse con las repeticiones o fallar, ya que no le daba importancia al proceso que lo impulsaba a otro nivel. Aquí es donde el propósito de largo plazo o la visión muere y comienzan las distorsiones de enfocarse solo en los resultados. Lo mismo ocurre en las empresas y plantea una importante lección que pasamos a desarrollar.
Definitivamente, el cerebro humano se ha desarrollado para el corto plazo, buscando antiguamente alimentos para subsistir día a día. Por lo tanto, es innegable que en cualquier empresa, las pequeñas recompensas y resultados en el corto plazo mantienen la motivación por continuar esforzándose. Sin embargo, como dicen, más importante que el “qué” es el “quién”.
Desventajas y peligros de centrarse solo en los resultados:
Si bien los resultados son deseables, centrarse únicamente en ellos puede acarrear desafíos significativos. Algunas de las desventajas y peligros incluyen:
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Falta de desarrollo a largo plazo: Al enfocarse únicamente en los resultados a corto plazo, se puede descuidar el desarrollo y la mejora continua. El proceso de aprendizaje y el crecimiento son fundamentales para alcanzar un rendimiento sostenible y duradero.
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Pérdida de identidad y propósito: Al obviar el proceso y centrarse únicamente en los resultados, se corre el riesgo de perder la conexión con el propósito y la identidad. Las empresas exitosas se construyen sobre una base sólida de valores, visión y objetivos a largo plazo. Al ignorar estos aspectos, se corre el riesgo de perder la brújula y convertirse en una mera búsqueda de resultados vacíos de significado.
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Riesgo de prácticas poco éticas: El enfoque excesivo en los resultados puede llevar a la tentación de tomar atajos o recurrir a prácticas poco éticas para alcanzar el éxito. La manipulación de resultados son ejemplos de comportamientos que pueden surgir cuando se priorizan los resultados sin tener en cuenta los principios éticos.
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Existen distorsiones no deseadas que pueden variar según el contexto económico y la métrica específica que se convierte en objetivo. Algunas de las distorsiones comunes asociadas con la Ley de Goodhart incluyen:
1. Manipulación de datos: Las personas pueden intentar manipular los datos o las métricas para cumplir con los objetivos establecidos, lo que puede llevar a una pérdida de precisión y confiabilidad en la información económica.
2. Desviación del objetivo principal: Las personas pueden centrarse tanto en alcanzar el objetivo establecido que descuidan otros aspectos importantes económicos de la empresa como la estabilidad financiera o el crecimiento a largo plazo.
3. Externalidades no deseadas: Las políticas diseñadas para alcanzar un objetivo específico pueden tener efectos secundarios no deseados en otras áreas.
4. Innovación perjudicada: Si las métricas se centran demasiado en los resultados a corto plazo, puede desincentivar la innovación y el desarrollo a largo plazo, ya que las personas y las empresas priorizan alcanzar los objetivos inmediatos sobre la inversión en el futuro.
5. Comportamiento adverso: Los participantes pueden ajustar su comportamiento de manera que cumpla con el objetivo establecido de manera superficial pero que no refleje verdaderamente mejoras sustanciales.
En general, la Ley de Goodhart destaca la necesidad de una evaluación cuidadosa y equilibrada de múltiples métricas y factores económicos al diseñar políticas y tomar decisiones, en lugar de depender exclusivamente de una métrica particular como indicador principal del rendimiento económico.
Aplicar la Ley de Goodhart en las empresas implica tomar precauciones para evitar las distorsiones y efectos indeseables que pueden surgir al utilizar métricas como objetivos. Aquí hay algunas consideraciones clave:
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Utilizar múltiples métricas: En lugar de centrarse en una sola métrica, es recomendable utilizar un conjunto diverso de indicadores para evaluar el rendimiento. Esto permite obtener una imagen más completa y equilibrada de la situación. Al combinar diferentes métricas, se minimiza el riesgo de que los empleados se concentren únicamente en una medida a expensas de otras áreas importantes. Sería bueno poner métricas en la partes más importantes de los procesos y así asegurar que los procesos se cumplan.
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Establecer objetivos realistas y alineados: Es importante establecer metas que sean alcanzables, relevantes y alineadas con los objetivos estratégicos de la empresa. Los objetivos deben reflejar los resultados deseados y no deben ser meramente basados en una única métrica. Además, es fundamental comunicar claramente las expectativas y brindar orientación a los empleados sobre cómo lograr un desempeño óptimo en todos los aspectos relevantes.
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Fomentar la transparencia y la comunicación abierta: Es esencial crear un entorno en el que los empleados se sientan cómodos compartiendo información y discutiendo los desafíos y oportunidades. Esto permite detectar cualquier distorsión o enfoque excesivo en una métrica específica y tomar medidas correctivas de manera oportuna.
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Considerar el contexto y las circunstancias individuales: Cada empleado y equipo puede enfrentar desafíos y circunstancias únicas que pueden influir en su rendimiento. Es importante tener en cuenta estos factores al evaluar el desempeño y evitar juzgar exclusivamente en función de métricas aisladas.
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En resumen, aplicar la Ley de Goodhart en las empresas implica evitar la dependencia excesiva de una sola métrica como objetivo principal, y en su lugar, utilizar un enfoque más equilibrado y considerar múltiples medidas para evaluar el rendimiento de los empleados y la organización en general.
En mi experiencia, he encontrado empresas que priorizan los números en lugar de enfocarse en su propósito. Estas empresas pueden optar por vender artículos de baja calidad con el fin de alcanzar sus objetivos, pero esto acaba destruyendo valor y comprometiendo su camino a largo plazo. Esta distorsión también puede ocurrir internamente en la empresa cuando los empleados deben cumplir con objetivos establecidos. El fin se distorsiona, por ejemplo, cuando se otorga un bono a un vendedor basado en sus ventas anuales. En ocasiones, ese vendedor puede manipular las ventas reduciendo los márgenes a través de descuentos excesivos o realizando acuerdos en el último mes del año para que se realicen compras que luego serán devueltas en los siguientes meses. En última instancia, su objetivo es disfrutar de su bono de fin de año sin considerar las consecuencias a largo plazo. Este costo de “disfrutar ahora, que después” perjudica a la empresa. Es importante recordar que los trabajadores de una empresa tienen sus propios intereses, los cuales pueden diferir de los intereses de la empresa o sus propietarios. A esto se le denomina problemas de agencia.
Conclusiones y recomendaciones:
Cada vez que la empresa ejecute procesos o tome decisiones, debe hacerse la pregunta de si está actuando de acuerdo a la empresa que aspira a ser, comportándose de la manera en que esta empresa ideal actuaría y si está acorde con su visión. Una vez que actúe en esta concordancia, comenzará a creer en su propia identidad.
Se recomienda organizar la empresa para el propósito al que está destinada. Por ejemplo, si ordeno mi cuarto para leer, debo sacar la televisión y otros elementos que me distraigan, y facilitar el uso de los libros, creando un ambiente propicio para ello. Por lo tanto, el ambiente, todos los procesos, objetivos e indicadores de la empresa deben estar alineados con lo que quiere llegar a ser. Después de estandarizar, se puede comenzar a optimizar hasta llegar a dominar los procesos más complicados.
En mi opinión, el proceso alineado con el propósito es la clave del éxito. Imagina a una persona que quiere ser la mejor en lo que hace. Se levanta temprano todos los días buscando la perfección, tomando decisiones basadas en su imagen futura. Del mismo modo, una empresa que quiere ser la número uno en su campo busca agregar valor todos los días y toma decisiones en base a su visión. Vivir el sueño y el propósito se convierte en una realidad incluso antes de alcanzar la meta final.
Un buen proceso alineado con la identidad implica estar preparado para aprovechar la fortuna. Tomando el ejemplo contrario del alumno, aunque practique diariamente su técnica y pierda juegos, si continúa practicando tarde o temprano la fortuna lo alcanzará y la aprovechará. Lo mismo sucede en las empresas. Una empresa preparada maximiza su rentabilidad cuando llega una buena oportunidad, mientras que una empresa que no está preparada y recibe una oportunidad deja escapar la rentabilidad debido a las fugas que tiene, independientemente de la cantidad de dinero que tenga.
Comienza con un pequeño procedimiento que esté bien realizado y orientado a la visión de la empresa. Quizás al principio no cambie mucho, pero se estará afirmando la identidad de lo que se quiere llegar a ser. Luego, puedes expandirlo gradualmente.
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